Mirando a las mironas


Día 22
Las mujeres son voyeurs por naturaleza. El hombre sencillo desconoce este hecho. Se masturban a diario en la clandestinidad de sus habitaciones. Algunas lo hacen boca abajo. No hay dos mujeres que se toquen igual. Son artesanas en el arte de la autocomplacencia. Gracias a mi condición de hombre invisible he podido asistir a conversaciones entre mujeres que harían sonrojar a Nacho Vidal. Cuando hablan de hombres, sus bocas se llenan de pollas. Las fantasías femeninas son tan sucias como inconfesables. Entra en la habitación de cualquier mujer y huele sus peluches.
Ana y Rosa son las dos mironas de la foto. Les gusta observar a su vecino mientras toma el sol. Es modelo y maricón. Lo saben pero no les importa. Se relamen con el chocolate de su abdomen.
Conozco a todas las zorras en este barrio de ricos cuya ubicación no voy a desvelar. En todas las casas he dormido. Mis preferidas son Ana y Rosa. En sus culos me corrí el día de la foto, mientras ellas se frotaban el chocho contra las tablas de la valla.