Morena de bote


Día 07/D
Mucho antes de ser invisible tenía una novia oficial. Era de origen nórdico, adicta al solarium e inmune al cáncer de piel. Lo digo porque se esforzaba de lo lindo en parecer latina. Una morena de bote con los pelos del chocho rubios.

Mi abuela la tenían por guarra. Decía que a su ropa le faltaba tela. Sus tetas y gruesos muslos siempre asomaban robando la atención de hombres y animales.
Durante años me la follé de formas y maneras que no registra el Camasultra. Un día se largó con un gerente de Euskaltel y no supe más de ella. Hasta ayer.
La descubrí sola comprando tomates en un mercado de Bilbao. Aprovechando el don de mi invisibilidad, decidí seguirla a casa. Cosa que hice a dos pasos con la polla tiesa. Abrió la puerta y entramos. Dejó los tomates sobre la mesa de la cocina y tiró de la cremallera de su falda. Mis ojos se iluminaron. Una gota de tinta negra hubiera bastado para teñir su tanga. De pronto se escuchó un fuerte ruido en el piso de abajo. Ella se tumbó y puso la oreja con fin de curiosear. Momento que recoge la instantánea que hice con la microcámara que habitualmente escondo en la palma de mi mano para ilustrar algunas de mis confidencias. El resto te lo puedes imaginar.